La importancia de la inflación subyacente: IPC SAE versus IPC Sin Volátiles. Por Patricio Jaramillo


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De cara a las próximas RPM de junio y julio, dos son los elementos necesarios de considerar en la discusión. Estos debieran ser el comportamiento de los agregados monetarios y la información de una eventual corrección de la inflación mayor a la de modelos alternativos en el actual contexto inflacionario, y si la medida de inflación subyacente adecuada (y empleada en los modelos de proyección) sigue tal cual está construida hoy ante un eventual retroceso mayor del IPC en los próximos meses. Ambos elementos podrían ser importantes para marcar el ritmo del ajuste de la TPM.


La política monetaria en Chile busca que la variación anual del IPC se ubique en 3% en un horizonte de dos años, que representan el objetivo específico y el horizonte definido por el Consejo del Banco Central. En la práctica, los bancos centrales usualmente incorporan medidas de inflación subyacente en sus modelos de proyecciones, complementando el análisis de coyuntura con medidas alternativas. ¿La razón? Se busca capturar las tendencias más estables de la inflación, asociadas al ciclo económico y respecto de las cuales la política monetaria puede actuar efectivamente.

En Chile, Valdés (1997) muestra por primera vez que la política monetaria sólo afecta a la inflación subyacente (IPCX o IPCX1 por esos años), particularmente a la brecha (o desvíos) de esta respecto a la meta, y no al nivel de la variación en doce meses del IPC, sino que a la brecha de la inflación subyacente respecto a la meta. Interesante, ya que se alineaba a lo descubierto por el Nobel de Economía Christopher Sims en 1992, donde para un conjunto de países desarrollados documentaba el denominado “puzle de precios” (price puzzle), que encontraba una anomalía empírica donde la política monetaria no tendría efecto en la inflación (o bien con signo contrario al esperado). Posteriormente, Pedersen (2017) documenta un quiebre estructural en el caso de nuestra economía, situándolo en la Crisis Financiera Internacional del 2008-2009, y donde ya posterior a 2011 la política monetaria tendría el efecto esperado en la inflación.

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